AIJU, en el marco del proyecto CHANCES, ha recopilado las experiencias y percepciones de 119 niños y niñas de entre 6 y 12 años de España, Italia y Ucrania, para comprender cómo perciben y afrontan las situaciones de emergencia. Los resultados servirán para diseñar materiales educativos adaptados a sus necesidades, reforzar su resiliencia y fomentar su participación ante este tipo de situaciones, cada vez más frecuentes en un contexto global marcado por la incertidumbre y la volatilidad.
Desde desastres naturales hasta conflictos armados
Comprender cómo los menores interpretan y afrontan las situaciones de emergencia es fundamental para diseñar estrategias eficaces de preparación y respuesta. En este contexto, AIJU, junto con el Ayuntamiento de Mislata, Save the Children Italia (SCIT) y NGO BRIT Ucrania, ha llevado a cabo una serie de focus group con niños y niñas de entre 6 y 12 años en España, Italia y Ucrania. Estos talleres participativos han permitido recoger información directa sobre cómo los menores perciben los riesgos, qué necesidades identifican y qué tipo de apoyo consideran más útil en situaciones de crisis, desde desastres naturales hasta conflictos armados.
“Escuchar directamente a los niños nos permite diseñar herramientas realmente eficaces, adaptadas a su capacidad de comprensión y a sus emociones”, destaca Alejandro Serra, Project Manager del área de Investigación de Usuario y Valores Educativos de AIJU.
En este sentido, la metodología aplicada se ha basado en dinámicas adaptadas a cada etapa evolutiva, fomentando la expresión libre a través del juego, el dibujo y la conversación. Este enfoque ha permitido obtener una visión detallada y estructurada de las diferencias existentes según la edad, así como identificar necesidades comunes compartidas por todos los grupos.
Hacia una mayor capacidad de reflexión
Los resultados del proyecto CHANCES (CHild-led participAtive emergeNCy rEsponsesS) evidencian que los niños de 6–7 años relacionan la seguridad con su entorno cercano y necesitan explicaciones visuales y sencillas. En el grupo de 8 y 9 años se observa una mayor comprensión práctica de las situaciones de emergencia, identificando señales de alerta, simulacros y medidas básicas de actuación. Por su parte, los menores de entre 10 y 12 años muestran una capacidad de reflexión más avanzada, llegando a proponer mejoras en los protocolos, la comunicación y los recursos educativos.
Y es que “los niños no solo son receptores de información, también son capaces de aportar soluciones valiosas si se les da el espacio adecuado”, subraya Alejandro Serra. De forma transversal, todos los grupos coinciden en la importancia de recibir información clara, sentirse acompañados emocionalmente y mantener rutinas cotidianas. Estos hallazgos están permitiendo construir un mapa de necesidades que será la base para el desarrollo de materiales educativos diferenciados por edad, combinando recursos visuales, actividades prácticas y propuestas participativas
Impulsar la cocreación como base para la inclusión
Esta iniciativa se enmarca en el programa europeo CERV-2025-CHILD, centrado en promover los derechos y la participación infantil. De tal modo que los materiales educativos resultantes serán cocreados junto con los propios niños y validados posteriormente en entornos escolares y museísticos, garantizando un enfoque inclusivo y adaptado a distintos contextos culturales y sociales.
Asimismo, los resultados del proyecto presentan un elevado potencial de transferencia a los ámbitos educativo, social y de gestión de emergencias, contribuyendo al desarrollo de herramientas más eficaces y adaptadas a las necesidades de la población infantil. Este enfoque favorece la creación de soluciones innovadoras en sectores como la educación, la divulgación científica y la prevención de riesgos.
Además, el proyecto contribuye a reforzar la resiliencia social al integrar la perspectiva infantil en los sistemas de emergencia, promoviendo un cambio de enfoque que sitúa a los niños como agentes activos. Este planteamiento no solo mejora la preparación ante situaciones de crisis, sino que también impulsa el desarrollo de competencias clave como la autonomía, la toma de decisiones y la colaboración.
La iniciativa también abre nuevas oportunidades para empresas y entidades interesadas en desarrollar productos, contenidos y servicios orientados a la educación en seguridad, mediante un enfoque basado en la evidencia y validado con usuarios reales.